Novena navideña Johnvery

Novena navideña Johnvery

Oración para todos los Días

Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amasteis a los hombres, que les disteis en vuestro Hijo la mejor prenda de vuestro amor para que, hecho hombre en las entrañas de una Virgen, naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; yo, en nombre de todos los mortales, os doy infinitas gracias por tan soberano beneficio. Entorno a él os ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de vuestro Hijo humanado; suplicando por sus divinos méritos, por las incomodidades con que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en su pesebre, que dispongáis nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con total desprecio de todo lo terreno, para que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén.

(Se reza tres veces el Gloria al Padre)

Oración a la Santísima Virgen

Soberana María, que por tus grandes virtudes y especialmente por tu humildad, merecisteis que todo un Dios te escogiera por madre suya, te suplico que tú misma prepares y dispongas mi alma, y la de todos los que en este tiempo hagan esta novena, para el nacimiento espiritual de tu adorado Hijo. ¡Oh dulcísima Madre! Comunícame algo del profundo recogimiento y divina ternura con la que le guardaste tú, para que nos hagáis menos indignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad. Amén.

(Se reza nueve veces el Avemaría)

Oración a San José

¡Oh santísimo San José! Esposo de María y padre adoptivo de Jesús. Infinitas gracias doy a Dios porque te escogió para tan altos ministerios y te adornó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza. Te ruego, por el amor que tuviste al Divino Niño, me abraces en fervorosos deseos de verle y recibirle sacramentalmente, mientras en su divina esencia le veo y le gozo en el cielo. Amén.

(Se reza el Padrenuestro, el Avemaría y el Gloria)

Gozos

Dulce Jesús mío, mi Niño adorado,
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!


¡Oh sapiencia suma del Dios soberano, que al nivel de un niño te has rebajado!
¡Oh Divino Niño, ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios!
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!


¡Oh Adonai potente que, a Moisés hablando, de Israel al pueblo disteis los mandatos! ¡Ven pronto para rescatarnos!
¡Y que un niño débil muestre un fuerte brazo!
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!


¡Oh raíz sagrada de José, que en lo alto presentan al orbe tu fragante nardo! ¡Dulcísimo Niño que has sido llamado lirio de los valles, bella flor del campo!
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!


¡Llave de David que abre al desterrado las cerradas puertas del regio palacio! ¡Sácanos, oh Niño, con tu blanda mano, de la cárcel triste que labró el pecado!
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!


¡Oh lumbre de Oriente, sol de eternos rayos, que entre las tinieblas tu esplendor veamos! ¡Niño tan preciado, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios!
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!


¡Espejo sin mancha, Santo de los santos, sin igual imagen del Dios soberano! ¡Borra nuestras culpas, salva al desterrado y, en forma de niño, da al mísero amparo!
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!


¡Rey de las naciones, Emmanuel preclaro, de Israel anhelo, pastor del rebaño! ¡Niño que apacientas con suave cayado ya la oveja arisca, ya el cordero manso!
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!


¡Ábranse los cielos y llueva de lo alto bienhechor rocío, como riego santo! ¡Ven, hermoso Niño! ¡Ven, Dios humanado! Luce, hermosa estrella; brota, flor del campo.
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!


¡Ven, que ya María previene sus brazos para que su Niño vea en tiempo cercano! ¡Ven, que ya José, con anhelo sacro, se dispone a hacerse de tu amor sagrario!
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!


¡Del débil auxilio, del doliente amparo, consuelo del triste, luz del desterrado! ¡Vida de mi vida, mi dueño adorado, mi constante amigo, mi divino hermano!
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!


¡Ve ante mis ojos, de ti enamorados! ¡Bese ya tus plantas, bese ya tus manos! Prosternado en tierra te tiendo los brazos, ¡y aún más que mis frases te dice mi llanto!
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!


Ven, Salvador nuestro, por quien suspiramos.
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!


Oración al Niño Jesús 

Acordaos, ¡oh dulcísimo Niño Jesús!, que dijiste a la venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos tus devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente: "Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado". Llenos de confianza en ti, ¡oh Jesús, que eres la misma verdad!, venimos a exponerte toda nuestra miseria.

Ayudadnos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada. Concédenos, por los méritos de tu encarnación y de tu infancia, la gracia de la cual necesitamos tanto.

Nos entregamos a ti, ¡oh Niño omnipotente!, seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza y de que, en virtud de tu divina promesa, acogerás y despacharás favorablemente nuestra súplica. Amén.

Consideraciones 

Día 1 - 16 de diciembre
El anuncio del ángel Gabriel
 

En una pequeña ciudad llamada Nazaret vivía María, una joven de corazón puro, humilde y lleno de fe. Un día, Dios envió al ángel Gabriel para llevarle un mensaje muy especial: había sido elegida para ser la madre de su Hijo, Jesús, quien vendría al mundo para traer salvación, amor y esperanza a toda la humanidad.

Al escuchar el anuncio, María sintió sorpresa y asombro, pero también confió plenamente en Dios. Aunque no comprendía por completo cómo sucedería todo, respondió con generosidad y humildad: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

Con estas palabras, María aceptó una misión que cambiaría la historia del mundo. Su respuesta nos enseña que la fe consiste en confiar en Dios incluso cuando no conocemos el camino que nos espera.

Reflexionemos:

Así como María abrió su corazón al llamado de Dios, nosotros también estamos invitados a recibir sus mensajes de amor, confiar en sus planes y estar dispuestos a hacer el bien. Que esta Navidad encontremos un espacio en nuestro corazón para Jesús.


Día 2 - 17 de diciembre

María se prepara para recibir a Jesús

Después de recibir el anuncio del ángel Gabriel, María comenzó a vivir una espera llena de amor y esperanza. En su vientre crecía el Hijo de Dios y, con cada día que pasaba, su corazón se preparaba para el encuentro más hermoso de su vida: contemplar el rostro de Jesús.

María no necesitó grandes riquezas ni preparativos lujosos. Su mayor regalo era su fe, su humildad y su disposición para cumplir la voluntad de Dios. Cada pensamiento y cada acción estaban llenos de amor por el pequeño que pronto llegaría al mundo.

Su ejemplo nos recuerda que la verdadera preparación para la Navidad no está solamente en decorar nuestros hogares, comprar regalos o compartir una cena especial. También consiste en limpiar nuestro corazón de rencores, perdonar, agradecer y acercarnos a quienes amamos.

Reflexionemos:

¿Estamos preparando nuestro corazón para recibir a Jesús? Que esta Navidad nos encuentre dispuestos a compartir, perdonar y ofrecer lo mejor de nosotros a los demás.


Día 3 - 18 de diciembre

El mensaje de Dios a San José

José era un hombre justo, trabajador y de gran corazón. Al enterarse de que María esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo, sintió preocupación y desconcierto, pues no comprendía lo que estaba sucediendo.

Pero Dios, que conocía su nobleza, envió un ángel en sueños para darle un mensaje: no debía temer recibir a María como esposa, porque el niño que esperaba era obra del Espíritu Santo. También le anunció que el pequeño se llamaría Jesús, porque salvaría a su pueblo de sus pecados.

Al despertar, José obedeció el mensaje de Dios. Sin dudar, acogió a María y aceptó con amor la responsabilidad de cuidar al Niño Jesús.

Su historia nos enseña que la fe también se demuestra con nuestras acciones, con el compromiso, la responsabilidad y la protección de quienes amamos.

Reflexionemos:

San José nos invita a ser personas de palabra, a cuidar de nuestras familias y a enfrentar con valentía los desafíos de la vida. Que nunca nos falte la confianza para seguir el camino que Dios nos muestra.


Día 4 – 19 de diciembre

El camino hacia Belén

Se acercaba el momento del nacimiento de Jesús cuando el emperador César Augusto ordenó realizar un censo en todos sus territorios. Por esta razón, José y María tuvieron que viajar desde Nazaret hasta Belén, la ciudad de David, de donde José era descendiente.

El viaje era largo y difícil, especialmente para María, que estaba próxima a dar a luz. Sin embargo, ambos emprendieron el camino con paciencia, fortaleza y una profunda confianza en Dios.

Durante el recorrido seguramente experimentaron cansancio, frío e incertidumbre, pero nunca perdieron la esperanza. Cada paso los acercaba al cumplimiento de la promesa divina.

Este viaje nos recuerda que en la vida también encontramos caminos difíciles, momentos de incertidumbre y situaciones que ponen a prueba nuestra paciencia. Pero cuando caminamos con fe, esperanza y amor, siempre encontramos fuerzas para continuar.

Reflexionemos:

Que aprendamos de María y José a caminar unidos, a apoyarnos en las dificultades y a confiar en que Dios nos acompaña en cada paso de nuestra vida.


Día 5 - 20 de diciembre

En busca de un lugar para descansar

Después de un largo viaje, María y José llegaron finalmente a Belén. El pueblo estaba lleno de personas que habían llegado para cumplir con el censo. Cansados y preocupados por la cercanía del nacimiento, comenzaron a buscar un lugar donde descansar y recibir al pequeño Jesús.

Llamaron a diferentes puertas, pero no encontraron alojamiento. Nadie parecía tener un espacio disponible para ellos. Finalmente, tuvieron que refugiarse en un lugar humilde, pues no había sitio para la familia en la posada.

Esta escena nos invita a pensar cuántas veces, en medio de nuestras ocupaciones, cerramos las puertas de nuestro corazón a quienes necesitan ayuda, compañía o una palabra de cariño.

Jesús está presente en las personas que sufren, en quienes se sienten solos y en aquellos que necesitan una mano amiga.

Reflexionemos:

En esta Navidad no permitamos que las prisas, las preocupaciones o el egoísmo nos impidan reconocer las necesidades de los demás. Abramos las puertas de nuestro hogar y de nuestro corazón para recibir a Jesús a través del amor y la solidaridad.


Día 6 – 21 de diciembre
La preparación del humilde pesebre

Ante la falta de alojamiento, María y José encontraron refugio en un humilde establo de Belén. Aquel lugar sencillo, destinado a los animales, se convertiría en el escenario del acontecimiento más maravilloso de la humanidad: el nacimiento del Hijo de Dios.

José preparó con cuidado aquel pequeño espacio, buscando que María estuviera cómoda y que el Niño tuviera un lugar donde descansar. Con lo poco que tenían, hicieron todo lo posible para recibirlo con amor.

No había lujos, grandes adornos ni comodidades, pero sí había algo mucho más importante: un hogar lleno de fe, ternura y esperanza.

El pesebre nos enseña que Jesús no necesita grandes riquezas para llegar a nuestra vida. Él busca corazones sencillos, dispuestos a amar, perdonar y compartir.

Reflexionemos:

Que nuestro hogar sea también un pesebre donde reine la unión, el respeto, la generosidad y la paz. Recordemos que el mejor regalo que podemos ofrecerle al Niño Jesús es un corazón lleno de amor.


Día 7 – 22 de diciembre
Los pastores reciben el anuncio

En los campos cercanos a Belén, unos pastores cuidaban sus rebaños durante la noche. De repente, un ángel del Señor se presentó ante ellos y una luz gloriosa los rodeó. Al principio sintieron temor, pero el ángel les anunció una noticia maravillosa: había nacido el Salvador, Cristo el Señor.

Les indicó que encontrarían al Niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

Entonces, una multitud de ángeles apareció en el cielo alabando a Dios y proclamando: «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad».

Los pastores, llenos de alegría, decidieron ir rápidamente a Belén. Allí encontraron a María, a José y al Niño acostado en el pesebre. Al verlo, compartieron con los demás la maravillosa noticia que habían recibido.

Su sencillez y humildad nos enseñan que el amor de Dios es para todos, sin importar nuestra condición o nuestras riquezas.

Reflexionemos:

Seamos portadores de buenas noticias, de palabras que animen y de gestos que lleven alegría a los demás. Que esta Navidad podamos compartir la esperanza y el amor de Jesús con quienes nos rodean.


Día 8 – 23 de diciembre

La estrella guía a los Reyes Magos

En tierras lejanas, unos sabios de Oriente observaron una estrella muy especial en el cielo. Comprendieron que anunciaba el nacimiento de un gran Rey y decidieron emprender un largo viaje para encontrarlo y rendirle homenaje.

Guiados por aquella estrella, llegaron a Jerusalén preguntando por el rey de los judíos que acababa de nacer. Finalmente, la estrella los condujo hasta el lugar donde se encontraba el Niño Jesús.

Al verlo junto a María, se postraron y lo adoraron. Después abrieron sus cofres y le ofrecieron tres regalos: oro, incienso y mirra.

El oro representaba su realeza; el incienso, su divinidad; y la mirra, su humanidad y el sacrificio que viviría.

Los Reyes Magos nos enseñan a buscar a Jesús con perseverancia y a ofrecerle lo mejor de nosotros, no solamente cosas materiales, sino también nuestros talentos, nuestro tiempo y nuestro amor.

Reflexionemos:

¿Qué regalo podemos ofrecerle al Niño Jesús esta Navidad? Que nuestros regalos sean el perdón, la solidaridad, la generosidad y el compromiso de ser mejores personas cada día.


Día 9 – 24 de diciembre

¡Ha nacido el Niño Jesús!

Ha llegado la noche que durante tanto tiempo esperaron María y José. En la humildad de un pesebre de Belén, rodeado de sencillez y silencio, nace Jesús, el Hijo de Dios, quien llega al mundo para traer salvación, amor y esperanza.

María contempla con inmensa ternura a su pequeño hijo y lo envuelve en pañales, acostándolo en un pesebre. José permanece a su lado, lleno de emoción y gratitud.

En el cielo, los ángeles celebran su nacimiento y anuncian la buena noticia. Los pastores llegan para adorarlo y los corazones de quienes reconocen al Salvador se llenan de alegría.

Hoy, ese mismo Niño quiere nacer en nuestros corazones. Quiere llenar nuestros hogares de paz, nuestras familias de unión y nuestras vidas de esperanza.

Que su llegada nos recuerde el verdadero significado de la Navidad: amar sin condiciones, perdonar de corazón, compartir con generosidad y valorar la bendición de estar juntos.

Reflexionemos:

Recibamos al Niño Jesús con un corazón dispuesto a cambiar, a hacer el bien y a llevar su amor a cada persona que encontremos en nuestro camino.

¡Bienvenido, Niño Jesús! Que nunca falte tu luz en nuestros hogares.


Villancicos

Tutaina

Tutaina tuturuma,
Tutaina tuturumaina.
Tutaina tuturuma, turuma,
Tutaina tuturumaina.

Los pastores de Belén
vienen a adorar al Niño;
la Virgen y San José
los reciben con cariño.

Tutaina tuturuma,
Tutaina tuturumaina.
Tutaina tuturuma, turuma,
Tutaina tuturumaina.

Tres reyes vienen también
con incienso, mirra y oro,
a ofrecer a Dios su bien
como el más grande tesoro.

Tutaina tuturuma,
Tutaina tuturumaina.
Tutaina tuturuma, turuma,
Tutaina tuturumaina.

A la nanita nana

A la nanita nana, nanita ea, nanita ea,
mi Jesús tiene sueño, bendito sea, bendito sea.

Fuentecilla que corres clara y sonora,
ruiseñor en la selva cantando lloras,
callad mientras la cuna se balancea,
a la nanita nana, nanita ea.

A la nanita nana, nanita ea, nanita ea,
mi Jesús tiene sueño, bendito sea, bendito sea.

Manojito de rosas y de alelíes,
¿qué es lo que estás soñando que te sonríes?
¿Cuáles son tus sueños, dilo, alma mía?
Mas, ¿qué es lo que murmuras? Eucaristía.

A la nanita nana, nanita ea, nanita ea,
mi Jesús tiene sueño, bendito sea, bendito sea.

Pajaritos y fuentes, auras y brisas,
respetad ese sueño y esas sonrisas;
callad mientras la cuna se balancea,
que el Niño está soñando, bendito sea.

A la nanita nana, nanita ea, nanita ea,
mi Jesús tiene sueño, bendito sea, bendito sea.

Campana sobre campana

(Tradicional andaluza)

Campana sobre campana,
y sobre campana una,
asómate a la ventana,
verás al Niño en la cuna.

Belén, campanas de Belén,
que los ángeles tocan,
¿qué nueva me traéis?

Recogido tu rebaño,
¿a dónde vas, pastorcillo?
Voy a llevar al portal
requesón, manteca y vino.

Belén, campanas de Belén,
que los ángeles tocan,
¿qué nueva me traéis?

Campana sobre campana,
y sobre campana dos,
asómate a esa ventana,
porque está naciendo Dios.

Belén, campanas de Belén,
que los ángeles tocan,
¿qué nueva me traéis?

Campana sobre campana,
y sobre campana tres,
en una cruz a esta hora,
el Niño va a padecer.

Belén, campanas de Belén,
que los ángeles tocan,
¿qué nueva me traéis?

El tamborilero

(Katherine K. Davis)

El camino que lleva a Belén
baja hasta el valle que la nieve cubrió.
Los pastorcillos quieren ver a su Rey,
le traen regalos en su humilde zurrón
al Redentor, al Redentor.

Yo quisiera poner a tus pies
algún presente que te agrade, Señor,
mas tú ya sabes que soy pobre también,
y no poseo más que un viejo tambor.
(Rom pom pom pom, rom pom pom pom)

¡En tu honor frente al portal tocaré con mi tambor!
El camino que lleva a Belén
voy marcando con mi viejo tambor,
nada hay mejor que yo pueda ofrecer,
su ronco acento es un canto de amor
al Redentor, al Redentor.

Cuando Dios me vio tocando ante él, me sonrió.

Noche de paz

(Letra: Joseph Mohr / Música: Franz Gruber)

Noche de paz, noche de amor,
todo duerme en derredor.
Solo velan mirando la faz
de su Niño en angélica paz
José y María en Belén,
José y María en Belén.

Noche de paz, noche de amor,
llena el cielo un resplandor.
En la altura resuena un cantar:
os anuncio una dicha sin par,
que en la tierra ha nacido Dios
hoy en Belén de Judá,
hoy en Belén de Judá.

Noche de paz, noche de amor,
todo duerme en derredor.
Solo suenan en la oscuridad
armonías de felicidad,
armonías de paz.

 

Mi burrito sabanero


Con mi burrito sabanero, voy camino de Belén
Con mi burrito sabanero, voy camino de Belén
Si me ven, si me ven, voy camino de Belén
Si me ven, si me ven, voy camino de Belén.

El lucerito mañanero ilumina mi sendero
El lucerito mañanero ilumina mi sendero
Si me ven, si me ven, voy camino de Belén
Si me ven, si me ven, voy camino de Belén.

Con mi cuatrico, voy cantando, mi burrito va trotando
Con mi cuatrico voy cantando, mi burrito va trotando
Si me ven, si me ven, voy camino de Belén
Si me ven, si me ven, voy camino de Belén.

Tuki tuki tuki tuki, tuki tuki tuki ta
Apúrate, mi burrito, que ya vamos a llegar
Tuki tuki tuki tuki, tuki tuki tuki tu
Apúrate, mi burrito, vamos a ver a Jesús.

Con mi burrito sabanero, voy camino de Belén
Con mi burrito sabanero, voy camino de Belén
Si me ven, si me ven, voy camino de Belén
Si me ven, si me ven, voy camino de Belén.

El lucerito mañanero ilumina mi sendero
El lucerito mañanero ilumina mi sendero
Si me ven, si me ven, voy camino de Belén
Si me ven, si me ven, voy camino de Belén.

Con mi cuatrico, voy cantando, mi burrito va trotando
Con mi cuatrico voy cantando, mi burrito va trotando
Si me ven, si me ven, voy camino de Belén
Si me ven, si me ven, voy camino de Belén.

Tuki tuki tuki tuki, tuki tuki tuki ta
Apúrate, mi burrito, que ya vamos a llegar
Tuki tuki tuki tuki, tuki tuki tuki tu
Apúrate, mi burrito, vamos a ver a Jesús.

Con mi burrito sabanero, voy camino de Belén
Con mi burrito sabanero, voy camino de Belén
Si me ven, si me ven, voy camino de Belén
Si me ven, si me ven, voy camino de Belén.

Si me ven, si me ven, voy camino de Belén
Si me ven, si me ven, voy camino de Belén
Si me ven, si me ven, voy camino de Belén
Si me ven, si me ven, voy camino de Belén.

 

Los peces en el río


La Virgen se está peinando
Entre cortina y cortina
Sus cabellos son de oro
Y el peine de plata fina.

Pero mira cómo beben los peces en el río
Pero mira cómo beben por ver al Dios nacido
Beben y beben y vuelven a beber
Los peces en el río por ver a Dios nacer.

La Virgen está lavando
Y tendiendo en el romero
Los angelitos cantando
Y el romero florecido.

Pero mira cómo beben los peces en el río
Pero mira cómo beben por ver al Dios nacido
Beben y beben y vuelven a beber
Los peces en el río por ver a Dios nacer.

La Virgen está lavando
Con muy poquito jabón
Se le picaron las manos
Manos de mi corazón.

Pero mira cómo beben los peces en el río
Pero mira cómo beben por ver al Dios nacido
Beben y beben y vuelven a beber
Los peces en el río por ver a Dios nacer.

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